El ciberespacio de Úber vs el mundo real de taxistas y conductores

Noto en redes, sobre todo en el histérico Twitter, expresiones de odio y rechazo contra los taxistas a raíz de su victoria, de momento, contra la plataforma UBER, que hoy anunció que se va del país el próximo 31 de enero, luego de que la Superintendencia de Industria y Comercio ordenara suspender su servicio por un fallo de competencia desleal.
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Se les va la mano a los tuiteros puesto que hay taxistas amables que ponen la música bajita, preguntan si uno quiere escuchar otra cosa, tienen devuelta de 50 mil, no tienen el taxímetro adulterado, manejan con prudencia y la cojinería no les huele a humo ni a trapo mojado. O sea, son como Úber porque brindan una buena experiencia a los usuarios.

Úber nos acostumbró a movernos en carros más cómodos y modernos que los taxis, pero sobretodo, a precios más bajos sin que nos preguntemos por la rentabilidad que obtienen los conductores o cuáles son sus garantías laborales (el mismo asunto con Rappi). Pedimos un Úber sin que tampoco nos preguntemos cuánto se ahorra esta multinacional por no pagar los impuestos que sí les toca pagar a los taxistas.

Úber se niega a reconocer que presta un servicio de transporte particular con el argumento de que está en el ciberespacio, en una nube o en otro mundo, y se aprovecha de la falta de reglamentación al respecto.

Pero hay un mundo real y en ese mundo está la gente. Es el mundo de los taxistas, quienes tienen el derecho de reclamar que sus ingresos se vean mermados mientras siguen cumpliendo las obligaciones que Úber evade.

Es el mundo real de los 80 mil conductores de Úber que encontraron en esta herramienta digital una salida al desempleo o, como dicen muchos, una oportunidad de ingresos en los "ratos libres". No se van a quedar quietos. De irán para otras aplicaciones que también prestan el mismo servicio de trasporte público particular. 

En el mundo real también estamos los miles de usuarios que encontramos en esta app una solución de transporte más cómoda y más barata. El cliente siempre tiene la razón y exige calidad y precios bajos. 

Como podrán ver, es un asunto que toca analizar desde distintas ópticas. Hay que entender los reclamos de las partes y ver cómo finalmente se resuelve el problema de la manera más justa donde haya beneficios para todos: ingresos justos para Úber, sus conductores y los taxistas, y excelente servicio para los usuarios. 

Entre el mundo real donde la gente come y el mundo digital donde todo es posible, hay que llegar al mejor acuerdo posible. 

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