'El paseo 5': por favor no les den más trago




Para alegría de los cientos de miles de espectadores que acuden en masa a verla, y la rabiecita de otros cientos de miles que no la soportan, ha vuelto 'El Paseo', producida por Dago García.

Aunque este es 'El Paseo 5', en realidad es la sexta entrega si tenemos en cuenta que la quinta fue 'El´Paseo de Teresa', estrenada en el 2017. 

Claro que quinta o sexta da igual, pues estas películas son básicamente productos de la misma fórmula: una caricatura de lo colombiano. Mañés y conflictivos, pero a la final querendones. Lo hemos visto siempre. 

La diferencia, esta vez, es que los personajes no son los insoportables miembros de una familia, sino los insoportables compañeros de oficina. De un banco, para ser precisos...

Está la jefe buenona (y sí que está buenona la actriz Adriana Ricardo a sus 48 años), el preferido de esta que es un muchacho guapo pero medio bobo, el veterano próximo a jubilarse que ya no quiere hacer nada, la espiritual cansona, el machista ordinario y, por supuesto, la de los tintos que es una chismosa. Justo la más graciosa y no se fue para el paseo. ¡Grave error! 


No voy a negar que me reí con ciertos chistes y situaciones graciosas, pero también me desesperé con las bochornosas peleas y 'trapitos al sol' que continuamente se sacan estos personajes por cuenta de los traguitos de más que sacan lo peor de cada uno, especialmente uno de los personajes quien raya en lo psicótico. 

Y tras cada pelea, una moraleja como regla general, como si se sintiera culpa con el espectador frente a tanto desmadre y violencia verbal.

En el afán de la película por mostrar lo colombiano, aquello que nos identifica como tales, se cae en absurdos como poner a todos los personajes a cantar con forzada solemnidad la icónica canción 'Noches de Bocagrande', justo cuando van hacia Melgar. Me pareció emotivo porque me encanta la canción, pero forzado, repito.

Un guion facilón y poco esmerado para una película que insiste nuevamente en una estereotipada visión de lo colombiano, más cercana a un chiste de Sábados Felices que a la rica y compleja realidad. El Paseo 5, como todas las anteriores, es para reír sin pensar mucho.

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