Crítica de 'La morgue': cuando una autopsia se sale de control



No suelo esperar mucho de las películas de terror porque la mayoría resultan ser muy malas, pero a veces una que otra me llama la atención y corro a verla.

Es el caso de 'La morgue' (The autopsy od Jane Doe), que no es cualquiera del montón: ganó en 2016 el Premio Especial del Jurado en el Festival de Sitges, tal vez el más importante de cine fantástico y de terror, y además logró muy buenas críticas como puede verse en el portal Filmaffinity.

En la película se distinguen claramente dos partes: la primera, la más interesante, que se centra en la autopsia de una bella joven por parte de un funerario y su hijo; y la segunda, más convencional, donde se intenta explicar por qué el cadáver no presenta marcas de violencia pese a detectarse en él varias y horripilantes causas de muerte.

La primera parte asquea y remueve las entrañas. Obviamente es una autopsia y nos resulta chocante observar la disección de un cadáver. Con mucha ciencia y pericia al mejor estilo de la serie CSI, padre e hijo abren el cuerpo y analizan las posibles causas del fallecimiento de esta joven, cuyos ojos blanquecinos ya son bastante aterradores.

Luego empiezan a suceder cosas y todo se sale de control, incluso el guión. Aunque la segunda parte resulta más bien enrevesada, la película se asegura de que pasemos muy buenos sustos, con la dosis justa de suspenso.

Aunque no me convenció mucho al final, no dudaría en recomendarla. Está por encima del promedio en el género de terror y eso ya es mucho decir.

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